Testimonio del Padre José Antonio Sierra, OFM

testimoniosHa pasado ya mucho tiempo; pero todavía lo conservo muy vivo en la memoria y en la vida.

Fue el año 1974 cuando el P Jean Marie. Robert del equipo ecuménico de Sociedades  Bíblicas, me invitó a un retiro carismático en Padre Hurtado,para la última semana de enero.

Primera vez que oía eso de “carismático” y no logró hacerme entender de qué se trataba. Por lo que decía me imaginé un cursillo sobre la oración. Y ¿a qué cura podía hacerle mal eso? Y acepté. Me gustó la cálida acogida. Y me dio confianza escuchar cantos que habíamos aprendido en el curso bíblico que nos acababan de dar. Pero eso de aplaudir, levantar las manos, cerrar los ojos y tantas “payasadas”… y todo me parecía muy ridículo… Fue avanzando el retiro y esa tarde me pidieron presidir la Eucaristía y me vi con las manos levantadas igual que todos (pero yo porrito impuesto, sin darle sentido) y ya no me pareció tan ridículo y fui sintiendo como que la presencia del Señor iba marcando todas esas novedades. Hubo una oración de sanación interna que me dejó paz sin ninguna connotación especial.

El hecho es que esa noche de verano deseé salir a pasear por la terraza del segundo piso… No me es posible detallar lo que pasó: me sentí tan fuertemente inundado por la presencia y el amor del Señor que me deshice en lágrimas de emoción. ¡Muchas lágrimas! Y una seguridad de su amor y un gozo tal que me marcó para toda la vida, y puedo hablar de un antes y después. No tengo idea de cuánto rato estuve… ¡Jamás había soñado cosa igual! Y desde entonces toda mi vida cambió.

A la mañana siguiente tuvimos el Bautismo en el Espíritu. Lo viví con mucha paz, pero “no pasó nada”. Es que yo ya estaba “cocinado”. El Señor fue muy condescendiente conmigo. Podía haberme inhibido ante los demás, no atreverme a llorar…, y me concedió vivir totalmente solo la experiencia. Cuando volví al convento, no pude callar lo vivido y nadie me comprendía. Hubo un hermano, sí, que ya conocía la experiencia; pero lo tenía tan secreto que nunca contó ningún detalle ni se comprometió en nada.

Yo me sentía tan renovado y veía todo tan distinto. Cuando al día siguiente viajé a mi Parroquia de Constitución, fui primero a Linares a hablar con mi Obispo Mons. Augusto Salinas. Le conté mi experiencia. Le dije que mi pastoral ya no podía seguir como antes. Tenía que transmitir a mis feligreses el don recibido….Y terminó diciéndome: “no sé de qué me está hablando; pero si es del Espíritu, seguro que es bueno. Comience con mi bendición y téngame al tanto de todo”.

Ese mismo mes ya quedó formado el incipiente grupo de oración los miércoles, como siguen fielmente hasta el día de hoy. Crecimos juntos en la vida del Espíritu y fueron los días más felices de mi sacerdocio. ¡Cuántas manifestaciones del Espíritu podría destacar! Después me ha tocado pasar por varias partes iniciando grupos y dando retiros, y he observado que el Bautismo en el Espíritu inicia una vida nueva, y claro, da un entusiasmo grande. Hace nacer una fe entusiasta en un Cristo vivo. Inicia una vida de oración gozosa.Contacto directo con la Biblia, etc. Pero pasado un tiempo como que el grupo se estanca. Hay grupos que yo diría tienen el carisma de despertar la fe en un Cristo vivo y enseñar a orar a los católicos. Linda misión; pero ¿no nos pedirá más el Señor? Grupos en los que siempre hay varios hermanos nuevos, pero el grupo no crece en número. Otros van envejeciendo y debilitando los dones… hasta convertirse casi en grupo de oración “no carismática”.

Como que falta un proceso de maduración. Yo diría que, después de todos estos años, la Renovación necesita aprender de la enseñanza tradicional de la Iglesia en cuanto a la madurez cristiana y profundización en las virtudes, en la ascética y la mística de nuestros grandes maestros cristianos, y sobre todo avanzar en la profundización en la oración hasta la contemplación y transformación mística del alma.

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