Procura VER a Jesús, ÉL procura siempre recibirte

adoracion-corpus-christi-papa-francisco“Pero Herodes dijo: Yo mismo mandé que le cortaran la cabeza a Juan. ¿Quién será entonces este de quien oigo contar tantas cosas? Por eso Herodes procuraba ver a Jesús” Lc, 9,9.

Herodes, dice la escritura, respetaba a Juan el Bautista y se complacía en escucharlo (Cfr. Mc 6, 20), sin embargo no tomó nunca la determinación firme de hacer lo que Juan decía, por respetos humanos hacia aquellos a quienes gobernaba, puesto que pensaba le verían como hombre débil ante las denuncias que Dios le inspiraba a Juan. Por la misma razón, instigado por su mujer, mandó a que le cortaran la cabeza, para entregarla a su hijastra, pues había jurado ante sus invitados y, aunque entristecido (Mc 6, 26), cumplió lo prometido ante sus amigos.

Al enviar Jesús a sus apóstoles a anunciar la Buena Nueva, sus palabras llegaron a oídos de Herodes y este quiso saber de quién se decía tantas maravillas. Pensaba en que él mismo había visto la cabeza de Juan en una bandeja y no alcanzaba a creer que alguien más pudiera conmoverlo de la misma manera que Juan conmovía su corazón con palabras justas y verdaderas. Por todo esto Herodes PROCURABA VER A JESÚS, y esta palabra en el diccionario significa hacer todo esfuerzo posible para lograr un objetivo.

No era el amor, ni la necesidad de alcanzar un favor de Jesús lo que le movía, simplemente era curiosidad y, porque no, temor ante alguien tan poderoso que pudiese hacer tambalear en su trono, con peligro de caer.

Herodes sólo pudo ver a Jesús (Cfr. Lc 23, 6-12) encadenado, cubierto de harapos y puesto en su presencia empujado por otros. Se decepcionó, no vio su poder, no contempló su grandeza, no pudo conocer la capacidad de Jesús para hacer los grandes prodigios que anunciaban sus apóstoles; lo tuvo delante de sí y lo despachó sin más tristeza de la que sintió por ver la cabeza de Juan.

Hoy Jesús sigue vivo, caminando entre nosotros y haciendo las mismas cosas maravillosas que en tiempos de Herodes, y aún más (Cfr. Jn 14, 12), como lo ha prometido, por medio de quienes creen en Él.

Herodes quería ver a Jesús por curiosidad, pero tú, al saber que está tan cerca de ti y que tiene poder para cambiar tu vida, ¡¿No sientes deseo de VERLO y estar con Él?!

Indudablemente la Santa Misa es el momento excepcional para ver a Jesús y no solo eso, para hacerte uno con Él, en la Santa Comunión, pero ¡Habiéndolo recibido de manos del Ministro, que hermoso es saber que, además, Él se deja encarcelar en un pequeño Copón y colocar en un Sagrario, solo para seguir acompañándote y disfrutando de tus palabras de amor, de adoración, de consuelo!

¡Qué gran amor lleva al Rey del universo a dejarse apresar en tan pequeño espacio solo para estar contigo!

Jesús se quedó en el pan y en el vino para estar dentro de ti, para ser repartido a quienes quieren VERLO y poseerlo con un corazón limpio y sincero, pero luego se deja recluir para prolongar el momento de encuentro con aquellos que anhelan verlo, incluso de los que no pueden tenerlo.

La custodia tan hermosa que lo contiene y permite que le veamos, no deja de ser una cárcel para quien es inocente de toda culpa. Él se queda allí para que tú lo adores, lo contemples, le hables, le presentes tus necesidades y le acompañes, hasta el momento en que pueda nuevamente entrar en ti.

Jesús, cautivo en la custodia, anhela saltar a tu corazón, entrar en tu ser y habitar en ti para siempre, no soporta estar ahí, solo, sin desear estar dentro de ti, pero es necesario que tu también ansíes verlo y tenerlo.

Jesús, cautivo en la custodia, además, está encarcelado en el Sagrario y rodeado de la más absoluta oscuridad y soledad en innumerables Sagrarios, alrededor del mundo entero; no solo sufre el desprecio de quienes no quieren recibirle, sino que sufre la más absoluta soledad y la indiferencia de quienes pasan frente a él sin siquiera darse cuenta de que su corazón se agita fuertemente cada vez que te acercas, para luego pasar de largo sin haber, al menos, dado una mirada a la cajita iluminada por la tenue y trémula luz de una vela o lamparita.

El que es la Luz del mundo permanece encerrado sin poder irradiarla sobre ti para desvanecer las tinieblas de tu pobre corazón atormentado. Y aquellos que se saben también luz del mundo (Cfr. Mt 5, 14) son incapaces de ir a iluminar por un instante la espesa oscuridad reinante alrededor de Jesús en cada templo cerrado y en tinieblas, y pretenden así poder irradiar ante el mundo una luz que no les pertenece y que solo pueden reflejar después de haberse expuesto ante el Sol de Justicia (Cfr. Mal 3, 20) de quien, en definitiva deben ser reflejo y no fuente.

Hermano, hermana, Jesús te espera en la Santa Misa para entrar en ti y anhela tu visita ante el Sagrario para saltar a tu corazón e irradiar sobre ti la luz que debes transmitir al mundo.

¡NO LO HAGAS ESPERAR MÁS!, SU CORAZÓN HERIDO BUSCA TU CONSUELO!

¡Señor, que mi corazón se arrugue y se marchite lejos de ti, como se secan y quiebran las hojas en el otoño por falta de agua y tenga yo que correr ante ti para poder llenarlo nuevamente del agua que solo brota de tu fuente!

 

Ana María Ramírez
Adoración Eucarística
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