Los Carismas en la Iglesia – “La Palabra de Sabiduría”

venES_jma Padre Manuel Prieto García SM

“Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría”1Cor. 12,8

La Palabra de sabiduría nos proporciona los conocimientos necesarios para responder a aquello que creemos. Nos ayuda a dar testimonio de nuestra Fe en Jesús, ilumina nuestra mente para realizar en cada momento el plan del Señor en nosotros y en los demás.

“La Palabra de Sabiduría es la habilidad que Dios da a ciertos miembros del Cuerpo de Cristo para percibir de manera inmediata cómo una revelación dada, puede ser mejor aplicada a una situación específica o a una necesidad en el Cuerpo de Cristo”.

Esta va más allá de la sabiduría humana que adquirimos por el estudio o la experiencia.

La Palabra de Sabiduría es un Don del Espíritu para colocarlo al servicio de la Iglesia y de nuestros hermanos.

El Espíritu ilumina, transforma, nos clarifica en determinados momentos para poder hacer frente a situaciones difíciles, nos proporciona respuestas concretas para responder a interrogantes de difícil solución.

El Carisma de Sabiduría, nos capacita para hacer un buen uso de los conocimientos naturales o sobrenaturales que hemos ido adquiriendo.

Como carisma, la palabra de sabiduría, nos indica cómo orar por una persona. Ayuda a evitar peligros con los que uno podría o tendría que enfrentar. Ayuda a saber cómo hablar y actuar constructivamente en situaciones difíciles.

Como manifestación del Espíritu, nos prepara para enfrentar una situación particular, nos ilumina para actuar en la verdad, nos revela cómo debemos comportarnos ante el plan de Dios.

Es el Don del Espíritu que viene en nuestra ayuda, cuando debemos tomar decisiones muy difíciles. Es un Don negado a los sabios de este mundo (Lc.10,21; 1Cor.1,19-20; Hch.6,8)

Ejemplos en la Sagrada Escritura

En el Antiguo Testamento nos encontramos con un claro ejemplo, Salomón ora al Señor: “Concede, pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal” 1R.3,9.

Aquí está la clave, en orden a una misión o en relación con los demás carismas, si no se confunde con el don de Sabiduría.

El Señor escucha su oración y le da la respuesta al problema que le presenta, cuando dos mujeres fueron a él con sus niños, uno muerto y otro vivo. Las dos reclamaban para sí el vivo.

Con la “Palabra de Sabiduría” como carisma divino, pudo resolver la difícil situación.

En el Nuevo Testamento, Jesús dice a sus discípulos que serán perseguidos, entregados a la cárcel, llevados ante reyes…pero les promete: “porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contra decir todos vuestros adversarios” Lc. 21,15.

Jesús durante su vida pública manifestó esta sabiduría:

  • En la forma de enseñar por parábolas.
  • En la manera de responder ante quien cuestiona su autoridad
  • Cuando tuvo que responder preguntas con doble intención
  • En la manera de contestar al sumo sacerdote, a Pilato y Herodes

Un Don que se recibe: Una vez más estamos dentro del misterio de Amor de Dios al hombre. El es el que otorga gratuitamente sus dones, y sabemos que los caminos del Espíritu son inabarcables.

Como todo Carisma se puede pedir al Señor.

“Buscad la caridad; pero aspirad también a los dones espirituales” 1Co.14,1.

“Pedid y se os dará; buscad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” Mt.7,7-8.

“¡ cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan !” Mt.7,11b.

Un Don que puede ser impartido: Como don puede ser impartido por otro que ya lo posee.

“Pues ansío veros, a fin de comunicaros algún don espiritual que os fortalezca” Rm.1,11.

Dios en su sabiduría infinita se mueve en libertad y otorga como quiere los dones de su Espíritu. El hombre descrubrirá un día que posee ese don.

Un Don que se ejerce: Como todo carisma, se ejerce en presencia de los otros y para el bien de los hermanos.

Es necesario vivir la presencia del Señor, dejar el corazón abierto a lo que El quiera de uno, en bien de los demás.

Desde esta presencia del Señor y con el corazón puesto en El por la oración, este don se hace presente bajo distintas manifestaciones: Una palabra que nos viene a la mente, una imagen que se detiene en nosotros y que el Espíritu nos urge a manifestar.

El Señor puede también “revelar” algún hecho desconocido a la persona que está orando, para ser manifestado a quien se ora y ayudarle así a sanar una herida o alimentar y fortalecer su fe.

Un Don que se manifiesta: Este don se manifiesta siempre, no como acusación o condena, sino de forma positiva y compasiva hacia la persona. De tal manera que quien recibe el mensaje, lo capta de forma gozosa y lo hace reaccionar positivamente, descubriendo que es una bendición del Señor para él.

Bendición que le aporta mayor santidad, le hace sentir como liberado de algo que le oprimía y que no conocía, le fortalece en su Fe.

Conclusión:

Como todo don que viene del Espíritu, la Palabra de Sabiduría, no tiene una explicación para quien pretenda escudriñarla solo desde la razón.

Es imposible de ser comprendido para quien sólo cuenta con sus propios medios.

Los caminos del Espíritu son con frecuencia inabarcables para el hombre de hoy que todo lo visualiza desde lo experiencial.

Parecería que el Espíritu se complace en conceder este don a los más simples y sencillos:

  • José frente al faraón de Egipto
  • Esteban frente a los sabios del Sanedrín.
  • Santa Catalina de Siena que tendrá que “orientar” a los Papas en momentos difíciles para la Iglesia

Siempre quien mejor expresa este carisma es San Pablo:

“Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado, de las cuales también hablamos, no con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu expresando realidades espirituales en términos espirituales” 1Cor.2,10-13.

 

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