Los Carismas en la Iglesia – “Profecía”

venES_jmaPadre Manuel Prieto García SM

“…A otro, profecía….” 1Cor.12,10a

En la exégesis que hace Jean Héring, sobre el versículo 10, nos dice que no hay que confundir el don de profecía con la glosolalia.

El mismo Pablo afirma que la profecía tiene como objetivo edificar, exhortar, dar consejo, coincide con lo que hoy llamaríamos “sermón”.

La profecía tampoco se identifica con predicción del futuro, como lo hace el libro de los Hechos11,28.

En el capítulo 11 el Apóstol Pablo nos dice que las mujeres están autorizadas para profetizar, y el mismo autor se pregunta por que las Iglesias podrían apoyarse en la opinión de los Apóstoles para prohibirles profetizar. En cuanto al versículo 14,34 nos dice Héring, que no tiene el sentido que se le atribuye comúnmente.

Turrado, al hablar de la profecía, señala que el Apóstol no aludiría tanto a la predicción del futuro, aunque tampoco eso se excluye, cuanto a poder hablar en nombre de Dios: “…para su edificación, exhortación y consolación”. 1Cor.14,3. de los fieles .

En la misma dirección se orienta Walter, en el comentario que hace sobre el don de profecía. Este autor emplea el término: “Hablar en nombre de Dios”. y nos dice que no se debe pensar tan solo en anuncios de eventos futuros, sino en todo hablar que sea acuciante e impulsivo, procedente del poder del Espíritu, y que podría ser un estímulo, aliento o juicio.

Nos pone el ejemplo de las siete cartas del Apocalipsis y lo acontecido en la asamblea de la comunidad de Antioquía, en la que se reconoció, afirmó y decidió la misión de Bernabé y Saulo .

A modo de definición

El Don de Profecía como aparece en 1Cor.12,10 y 14,1, sería el poder especial que Dios concede a diferentes personas que participan del Cuerpo Místico de Cristo, para recibir y comunicar algún mensaje de Dios al grupo de oración, a una persona, a un grupo reducido, mediante una palabra, una frase, llena de amor de Dios.

Pytches intenta clarificar el alcance que tiene la palabra profecía.

En un sentido general, la profecía sería el ministerio espiritual realizado por cualquier siervo del Señor.

En el Antiguo Testamento. ejercían este ministerio los llamados profetas, estos eran predicadores, videntes y con frecuencia, hacedores de milagros, por lo general distintos a los sacerdotes, aunque algún sacerdote también profetizó, como Ezequiel.

En el Nuevo Testamento Pablo da mucha importancia a la Profecía . Los profetas figuran siempre en sus enumeraciones de dones y de servicios, están siempre mencionados después de los Apóstoles.

En un sentido más concreto, el don de profecía se refiere a:

Anunciar; dentro de este contexto, está la enseñanza, la evangelización, que puede ejercerse de forma oral, escrita, con signos o símbolos.

La profecía se dirige al intelecto y a la compasión del hombre.

Predecir lo que sucederá, así aparece en el libro del Apocalipsis y en Hechos 21,10-11.

Para Congar la Profecía sería:

“Una palabra inteligible, pero que es dada, “insuflada”, por el Espíritu. Esta palabra tiene por finalidad poner al que la escucha ante la verdad de Dios y ante la verdad de lo que es él mismo”.

Un Don que se recibe

El don de Profecía se otorga a la Iglesia, según el cumplimiento de la promesa del Antiguo Testamento.

“Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán”. Jn1l.3,1

Este don no está determinado a un grupo señalado de profetas, sino que es otorgado a toda la Iglesia. “Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados”. 1Cor.14,31

Es importante señalar la diferencia entre el don y el ministerio de profecía. Aunque todos puedan profetizar, por haber recibido el Espíritu Santo, no todos son profetas. Aunque todos puedan manifestar los dones de profecía, sólo algunos son elegidos para ejercer este carisma.

Misión de la Profecía

Edificar, exhortar y consolar. 1Cor.14,3.

Glorificar a Jesucristo. Ap.19,10c.

Convencer. 1Cor.14,24-25.

Advertir. Jr.18,7-8.

Denunciar y derribar. Jr. 1,10.

Diferencias con la Sagrada Escritura

La profecía se diferencia de la S. E. en cuanto que la profecía es una palabra concreta para un grupo determinado, en un momento especial y pronunciada por una determinada persona. La Sagrada Escritura es para todos los cristianos de cualquier tiempo y lugar.

Ejercicio de la Profecía

“Buscad la caridad….” 1Cor..14,1.

El Amor debe estar siempre como base en el ejercicio de cualquier don o carisma, en la profecía con mayor razón.

Este don puede ser ejercido por cualquier creyente, el Apóstol exhorta a pedirlo en 1Cor.14,1.39.

El mismo Pablo nos da normas en cuanto al ejercicio de la profecía en 1Cor.14,29.

En la Sagrada Escritura. nos encontramos que el que profetiza puede recibir este don en forma de visión, como en Hch.18,9, en forma de sueños, lo encontramos en Mt.2,13. También en forma de imagen o palabra.

Por lo general la palabra de profecía se produce dentro de un clima de oración y adoración. Así ocurrió en Hch.13,2.

En los grupos de oración, cuando el creyente vive una relación profunda de encuentro con el Señor, por medio de la Alabanza, se puede llegar a sentir en el propio corazón la presencia del Espíritu que impele a expresar un testimonio que viene del mismo Espíritu.

La Profecía puede estar arropada en un lenguaje bíblico o hacer referencia a la misma Sagrada Escritura.

La forma introductoria puede ser:

“Yo el Señor…….”. “Así dice el Espíritu Santo….”. Una profecía puede ser: “Yo estoy con Uds., dice el Señor “.

El don de profecía debe buscarse y ejercerse siempre con la máxima humildad y disponibilidad hacia el Señor .

Discernimiento de la Profecía

Pablo nos exhorta:

”No extingáis al Espíritu; no despreciéis la profecía; examinadlo todo y quedaos con lo bueno”. 1Ts.5,19-21.

La realidad nos enseña que la verdad está limitada por el error, y esto nos obliga a estar siempre atentos, frente a lo que de error o falsedad pueda darse en la profecía.

Es la misma comunidad a quien debe ejercer el discernimiento, el Espíritu le concede este Don.

La Profecía es don gratuito del Espíritu, por eso no tiene otra finalidad que no sea la de glorificar a Cristo y la edificación de su Cuerpo Místico.

Aquí está la gran diferencia con el adivino, espiritista, astrólogo, mago… que sólo busca su propio beneficio.

La auténtica profecía surge siempre del amor de Dios y transmite ese mismo amor. Por eso, toda profecía viene cargada de exhortación, de esperanza y de amor.

El contenido del mensaje debe estar siempre en la línea de la enseñanza de la Iglesia y conforme a la Sagrada Escritura. Si no fuera así, estaríamos diciendo que el Espíritu se contradice.

“Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia”.

El Evangelio nos dice:

“Por sus frutos los conoceréis”. Mt.7,20.

Conclusión

Considero necesario revalorizar el don de profecía aunque soy consciente de que este don, sólo es posible ejercerlo hoy de forma sistemática, en grupos reducidos de oración que vivan una profunda espiritualidad.

No debemos restar valor a este don. El Apóstol sale al paso diciendo a los Tesalonicenses: “No despreciéis las profecías”. 1Ts.5,20

El camino y el ejemplo frente al don de profecía nos lo deja María : ir atesorando en lo profundo del corazón todas las palabras de profecía.

Sólo con el corazón lleno del Amor de Dios, estallará en un canto de alabanza por el reconocimiento de la obra de Dios en nuestras vidas.

Siendo el Espíritu quien concede el don, es necesario dejarnos invadir por su presencia y pedirle que haga sentir en nosotros el Don, en bien de su cuerpo Místico, la Iglesia.

Todos los que participamos como miembros del Cuerpo de Cristo, somos depositarios del Don de Profecía, porque todo miembro participa de Cristo como Cabeza. Por ello podemos hablar en nombre de Jesús. Algunos ejercen el ministerio de profecía en forma más concreta “Pues podéis profetizar todos…” 1Cor.. 14,31

Hoy debe hacerse realidad en cada cristiano este mandato del Apóstol. Sin duda necesitamos fortalecer nuestra fe, para sacar de la apatía espiritual, a muchas de nuestras comunidades agonizantes.

Quizás una de las preguntas que más nos interrogue hoy, son estas palabras: Profecía, Profeta :“Es profeta aquel que abre a la Iglesia las vías de la inteligencia de su futuro, el que sabe leer los “signos de los tiempos”, el que hace los gestos o crea instituciones llenas de promesas, dando un paso más allá de las ideas recibidas y de las estructuras vigentes. Estos hombres y mujeres “Proféticos” sólo se asemejan a los profetas de la Biblia en que abren y esclarecen la realización del designio de Dios en la historia” .

En un contexto corriente, la profecía podría concretarse así: “La profecía exhorta, aconseja, reconforta y corrige (…) La profecía puede limitarse a ser una simple palabra de estímulo, una admonición, un anuncio o una orientación con miras a la acción” .
Pablo VI lo expresa así: “La Iglesia necesita un constante Pentecostés; necesita fuego en el corazón, palabras en su boca, profecía en sus ojos” .

El mismo Pablo VI. habló de un mundo nuevo, de una “coexistencia humana” que solo el Espíritu puede realizar y aquí se hace presente, para este mundo, la necesidad de signos, palabras, hechos concretos.

El único camino para unificar el mundo es Cristo, por medio del cual todo fue hecho. El es quien nos ha revelado a Dios y su plan de salvación, encaminado a hacer de todos los hombres un solo Pueblo “Que lo reconociera en la verdad y lo sirviera fielmente” retomando las palabras del Concilio.

Siempre queda el interrogante de cómo unificar esos hombres y hacer de ellos un solo pueblo, que puedan llegar a vivir el evangelio.

Todo esto nos hace pensar que el signo profético que lleva impreso todo cristiano debe ser uno de los medios para llevar a buen fin el plan de salvación.

El profeta, ayuda, orienta, guía y es signo en la convivencia del evangelio, de tal forma que sin renunciar a lo que hay de verdad y de bueno en otras culturas, forme una gran familia.

Es aquí donde aparece la necesidad del profeta, de personas que muestren “cómo dirigir esos actos humanos” en un mundo que tiende a unifiarse.

Si hay un tiempo donde se necesitan carismas, ese tiempo es el nuestro, si hay un tiempo que necesita profetas, éste es el tiempo más necesitado.

Conviene recordar que la profecía por lo general no trata de revelar un hecho futuro ni un secreto. La profecía suele interpretar lo que Dios inspira a una persona o grupo de personas que oran y por medio de ellas manifestar su amor, su cuidado ; de ahí que la profecía, anima, orienta y nos guía por medio del Espíritu.

La profecía es siempre como el vehículo de una gracia divina que se derrama en los oyentes y les ayuda para : “su edificación, exhortación y consolación”. (1Cor.14,3)

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