“El Servidor” – Necesidad de crecimiento, necesidad de formación (I parte) – Pbro. Reinaldo Gámez

castillo-interiorAlgo que ha sido ampliamente afirmado por la Iglesia a lo largo de siglos es que, lo que contradiga la Doctrina de la Fe, no puede provenir del Espíritu Santo, ya que es el mismo Espíritu Santo el que ha inspirado la Sagrada Escritura y asistido al Magisterio de la Iglesia. De allí que le es recomendando al discípulo y servidor de Cristo tener una profunda formación bíblica, espiritual y teológica, con la cual se evitará a sí mismo y a los demás desviaciones contraproducentes al mismo seguimiento.

Por supuesto que lo primero al tocar este punto es siempre EL ENCUENTRO con el Señor. Me refiero a ese encuentro que nos lleva no sólo a participar de la Cena del Señor, sino más aún, a recostar nuestra cabeza en el pecho del Señor, escuchando los latidos de su corazón; habiendo descubierto así el Sacratísimo Corazón del Salvador; llegando incluso a conocer, el Corazón del Señor. Cada Asamblea de Oración es una oportunidad para tener y/o renovar nuestro encuentro con el Señor. De no tener este encuentro –a mi parecer-, poco sentido tendría el ir adquiriendo un conocimiento bíblico, espiritual y doctrinal que no hace sino caer en el vacío; y corremos el riesgo de sucedernos aquello de lo que habla Santa Teresa de Jesús en su Libro de “Las Moradas”. ¡¡¡EL PELIGRO ES QUEDARNOS EN LA ANTESALA!!! Hay personas que por no abrir verdaderamente el corazón, se pasan toda una vida en la antesala. Algunos, ahondando un poco más en este término de la antesala, a pesar de estar años en la Iglesia y prestando algunos “servicios” y ocupando algunos cargos, se sienten incluso como en el “lobby de un hotel” en donde ni siquiera se sienten en su casa, sino en un hotel, esperando algo transitorio o emocionante…

Antes de entrar en un proceso serio de formación, hay que pensar y cuestionarse seriamente en dónde se está. Dios nos está pidiendo hoy un verdadero crecimiento, y para ello hay que permitirle al Señor trabajar en nuestra vida. Dice Santa Teresa que una de las primeras cosas a las que hemos de abrirnos, es al deseo de querer ver al Señor como le sucedió a Zaqueo (Cfr. Lc 19, 1-10). Es hermosísimo recordar aquellas alentadoras palabras con las que termina este pasaje del Evangelio: “… el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (v. 10). Por eso es IMPORTANTE DETENERNOS Y MEDITAR, REFLEXIONAR Y ORAR. Sin una verdadera oración no se podrá NUNCA avanzar. Ni siquiera se podrá descubrir el deseo y ansias de Dios. Sólo por medio de la oración se puede crecer y avanzar en la vida espiritual… Es imposible crecer si se vive de solo de emociones y favores divinos. Hemos de ver si estamos avanzando, y cómo es nuestro crecimiento, cómo es nuestra relación con el Señor; ver realmente si en nosotros se está dando una verdadera conversión, si hay cambios auténticos en nuestra vida…

También otro punto importante es el que está en relación con nuestra perseverancia en las pruebas y dificultades. Satanás no se va a quedar tranquilo si nos ve avanzando; pero hay que perseverar. Es posible incluso, que una vez vencida la prueba, Dios nos lleve a un período de aridez espiritual, donde una vez habiendo experimentado el amor y la grandeza del Señor, nos lleve a caminar en fe. La meta trazada será la de morir enteramente al mundo y llegar a un grado muy elevado de unidad con Dios…

Quien así ha perseverado, automáticamente (sin darse cuenta en un momento) es transformado en un líder de su comunidad, de su familia, de trabajo…, en un Servidor. Es éste el que, como hemos dicho en tiempo atrás, se caracteriza entre otras cosas por:

  • Conducirse por la fe.
  • Por enseñar más por su modo de vivir que por sus conocimientos.
  • Por procura cuidar la fe de sus hermanos y, ayudarles a crecer (abre puertas para que otros crezcan).
  • Por contar con el auxilio del Señor; no con sus propias fuerzas…
  • Por discernirlo todo y en todo momento.
  • Por ser el servidor de TODOS, no el dueño y la “autoridad” del circo (cfr. 1Cor 3, 5. 9; 4, 1; 2Cor 3, 6).
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