“El Servidor” – Parte fundamental de nuestra misión: “LA INTERCESIÓN” (II Parte) – Pbro. Reinaldo Gámez

sagrarioAntes que nada y, siguiendo con los puntos ya tratados en el artículo anterior, creo importante hacer algunas consideraciones previas a los dos puntos que muy brevemente trataré en este artículo, a saber: cómo ha de ser la intercesión y qué exigencias implica.

Antes es muy pero muy importante recordar o tener presente que nuestra primera llamada es la de estar llenos de Dios, de la presencia de Cristo, del Espíritu Santo. Dios nos llama a la santidad y esto implica permanecer llenos de Él y procurar que su presencia en nuestras vidas se acreciente. Que todo en nuestras vidas hable de Dios y no sólo nos lleve a Él sino que lleve a otros a Él. Aquí me refiero incluso a lo que nos puede parecer tan simple como pudiera ser una prenda de vestir. Se habla del Santo Cura de Ars, que estando en vida y, conociendo sus contemporáneos su santidad, trataban de cortar alguna parte de su sotana u otra prenda que hubiese sido tocada por él. Esta es también la fe de la Iglesia en relación a las reliquias… ¿Podemos decir que esto sucede en nuestras vidas? Sino, es el momento de comenzar a trabajar en esto. Esto es importante. Hay que pedir a Dios que impregne nuestras vidas de su presencia. Hay que invocar al Espíritu Santo…, relacionarse con Él de tal manera, que no sólo nuestras vidas se llenen de Él, sino que  todo lo que rodea quede de igual manera impregnada también de Él. No podemos hablar de una verdadera intercesión o de un verdadero ministerio de intercesión si esto no está claro.

Hecho este paréntesis prosigo brevemente con los dos puntos siguientes.

  1. Cómo ha de ser…

Más que presentar mis propias necesidades se trata de presentar y ofrecer al Señor, el dolor o la necesidad del hermano. Esto incluye: hogar, país, comunidad, grupo, etc. Por eso es importante tener en cuenta las intenciones del Sucesor de Pedro (el Papa) y las de la Iglesia Universal y local. Así mismo las que se nos dan a conocer por los medios de comunicación, las que nos encomiendan nuestros obispos, instituciones, personas, los que se nos acercan o aquellas que el Espíritu Santo nos va revelando…

 La palabra intercesión nos habla de “encontrarse con una persona”. La intercesión se da en la conversación de Aquel sabemos nos ama y quiere nuestro mayor bien. Es colocarse como “un puente” entre Dios y los hombres y mujeres de este mundo; y esto lo podemos hacer ofreciéndolo TODO, por Él, en Él y para Él; de un modo privilegiado en la Eucaristía, ante la Persona de Cristo en el Sagrario, durante el rezo del Santo Rosario, por la intercesión de algún Santo(a), quizás valiéndonos  de alguna novena u otro acto de piedad sincera…

  1. Algunas Exigencias…

Cuando el Señor nos llama a la intercesión, bien sea porque nos presenta alguna necesidad o porque nos llama a este ministerio, Él mismo suscita el deseo de morir a sí mismo (Jn 12, 24), esto con una consciencia limpia (Cfr. Mt 5, 23-24); más es sumamente importante que sea el Espíritu Santo quien guíe y dirija la intercesión (Cfr. Rom 8, 26-27; Gál 5, 24-25). Así podríamos hablar de tres exigencias principales:

  1. Morir a sí mismo
  2. Una consciencia limpia
  3. Dejarse guiar por el Espíritu Santo

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