Significado de las Prácticas Cuaresmales

cuaresma1La Cuaresma es un curso intensivo de Conversión cristiana, donde aprendemos mediante El ayuno, La Limosna y la Oración, el sentido profundo de la conversión y la trascendencia del compromiso que adquirimos y asumimos desde el Bautismo. “Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo”.(Benedicto XVI, Cuaresma 2010)

Para el cristiano -nos señala Benedicto XVI- El ayuno, puede tener distintas motivaciones, pero “no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Me 12, 31).” Creer en la caridad suscita caridad.

“¿Cómo -pregunta Benedicto XVI- comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro?” La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.(Cfr. Le. 12,19-20)

En Cuaresma edifiquemos nuestra vida sobre la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola diariamente, como forma preciosa e insustituible de oración. “Dichoso quien escucha la Palabra de Dios y la cumple” (Lc.11,28), porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. ” La oración -en palabras de Benedicto XVI- nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Me 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.

En Resumen:

El ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Me 12, 31). Creer en la caridad suscita caridad

La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia. (Cfr. Lc.12,19-20). “¿Cómo -pregunta Benedicto XVI- comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro?”

Meditemos e interioricemos diariamente la Palabra de Dios como fuente inspiradora de oración. Ello alimentará el camino de fe que iniciamos en nuestro bautismo. Nos permitirá adquirir una nueva concepción del tiempo y nos abrirá a la esperanza de la vida eterna que no falla (Cfr. Me. 13,31; Jn.16,22)

Pbro. Lic. Luis A. Avendaño Lira

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