La infancia espiritual

jesusconninoEn Marcos 10, 13-16, Jesús nos da ejemplo de lo que ha de ser nuestra vida de discípulos misioneros, al tiempo que nos enseña la necesidad que tenemos de hacernos como “niños” para entrar en su Reino. Nos enseña que Dios es nuestro Padre y nosotros sus hijos; y que por tanto nuestra relación con Él ha de ser una relación de dependencia, de abandono confiado en su providencia amorosa igual a la de un niño confía en su padre. Es este mismo espíritu el que nos lleva a mantener una actitud humilde donde reconocemos que nosotros sin Dios nada podemos, mostrándonos ante Él tal como somos, con sencillez y sinceridad.

Volverse interiormente como niños requiere un gran abandono en Dios. La infancia espiritual no es bobada espiritual, ni “debilidad”: es el camino de los sensatos; ciertamente difícil por su facilidad. El cristiano decidido a vivir la infancia espiritual, practica con más facilidad la caridad, porque “el niño” no guarda rencor, ni engaña; no se venga si es maltratado (Cfr. Mt 5, 40)…, es alegre.

Necesitamos una formación sólida…, y necesitamos ser como niños. Decía San José María Escrivá de Balaguer: “piedad de niños y doctrina de teólogos”. La fe sencilla y profunda lleva a manifestaciones concretas de piedad, comunitarias o personales aprendidas en nuestros hogares y comunidades de origen. Desde los orígenes de la Iglesia ha sido costumbre adornar con flores los altares y las imágenes santas, besar el crucifijo o el rosario, tomar agua bendita, santiguarse, prender velas (Cfr. Hch 20, 7-8), etc. Esta actitud nos lleva a amar a Dios y a buscarle con sinceridad dejando a un lado las complicaciones inútiles, no buscando lo extraordinario y haciendo bien –de cara a Él-, lo que debe.

Este es el camino para llegar a ser “AMIG@ DE DIOS”, y hablar en intimidad con Él cara a cara como Moisés. Por este camino se aprende a llamar a Jesús por su nombre y amar mucho el recogimiento. La disipación, la frivolidad, la superficialidad y la tibieza desaparecen de la vida. Un ejemplo y estímulo extraordinario lo encontraremos en la meditación ante el Santísimo del trato de María y José con su hijo Jesús…

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