CREEMOS, gracias al Espíritu Santo

Detrás del “creo en un solo Dios…”, está una obra hecha a mano, cuidada en todos y cada uno de sus detalles, aun los que escapan a la vista, porque ¿de dónde nos viene la certeza de que la fe tiene sentido, de que es posible creer y dialogar con Jesús? La respuesta está en la acción del Espíritu Santo en la historia de cada uno.

Es verdad que se puede aceptar la fe por diferentes motivos o circunstancias, pero al final, la convicción profunda, íntima, capaz de sostenerse aún en medio de crisis y presiones, viene del Espíritu Santo. Por algo Cristo lo dejó de manera clara, directa, luego de la ascensión. Es la memoria, el que permanece, abriendo puertas, llevando a una experiencia que vincula personas y circunstancias con un proyecto común sin fronteras, porque el primero en globalizar la fe ha sido él. ¿Nunca nos hemos puesto a pensar que la primera asamblea internacional de la humanidad ha sido Pentecostés con esa convergencia tan interesante de idiomas? Sí, Dios toca todas las culturas, porque el ser humano, por más que quiera callar esa voz, siente el deseo de algo más, de una felicidad que, la desea, porque sabe que existe. Muchas veces, falla la manera de darlo a conocer, pero una vez que se le descubre en la oración, es prácticamente imposible olvidarlo. Se hace parte de lo que uno es.

Creer no tiene nada que ver con evadir o ignorar. Al aceptar la fe, movidos por el Espíritu Santo, no miramos a otro lado, refugiándonos en un ritual, sino enfrentando la vida de otra manera. Hay un cambio de perspectiva, una novedad permanente que rompe con la monotonía o el miedo que paraliza y echa a perder grandes proyectos. El Espíritu Santo, nos dirá el buen P. Félix Rougier Olanier, debe ser “el alma”, pero como todo hay que poner los medios, propiciarlo y lo primero es deshacernos del prejuicio de que lo hemos visto todo.

Creer rompe parámetros, se sale de nuestra propia medida. ¡Nos quejamos de las mentes  cuadradas, rechazando al único que puede hacerlas abiertas al bien, a la verdadera realización! ¿Quién? El Espíritu Santo, porque nos saca del “yo”, mostrándonos nuevos horizontes, metas que alcanzar. No tiene sentido “hablar con el cosmos o la energía”, cuando podemos hacerlo con el que los diseñó desde un pensamiento que luego se materializó, pues una estructura antes estuvo en la mente del ingeniero. Así de claro. Hagamos la prueba de conocerlo.

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