Nuestra colaboración en la obra del Espíritu – Pbro. Reinaldo Gámez

espiritu3_1La acción del Espíritu Santo en nuestras vidas no es una acción automática; requiere nuestra colaboración. Esto significa que nosotros nos dejemos guiarnos por el Espíritu en el proceso personal de crecimiento y purificación que Él quiere ir realizando en cada uno de nosotros. Por lo tanto, nos corresponde a nosotros ir quitando –conforme nos vaya siendo “revelado” (mostrando)-, los obstáculos que impiden su obra en nosotros.

Esta es doctrina ampliamente afirmada por los Padre de la Iglesia, así como por la espiritualidad cristiana (en cuanto a todo lo que se refiere a la esencial colaboración del hombre en el plan de Dios). Podríamos decir, que tenemos que buscar que nuestra voluntad se oriente siempre a coincidir y adecuarse a la voluntad de Dios. Y esto significará en muchas oportunidades, que hay cambios que nos toca a nosotros hacer…

Cuando leemos el Libro de los Hechos de los Apóstoles -que en este tiempo de manera especial se medita- y, vemos cómo se conducía y vivía esta comunidad primitiva, descubrimos a la luz del Espíritu, el estilo de vida a la cual todos hemos sido llamados. Es el auténtico estilo de vida de un creyente, de un cristiano. Es la nueva vida, el nuevo nacimiento del cual Jesús le hablaba a Nicodemo aquella noche…

Muchos de ustedes, al igual que yo en un tiempo atrás, habiendo recibido esta nueva vida por el bautismo la hemos dejado apagar en cierto sentido, y hemos necesitado, como le sucedió a los apóstoles (Cfr. Hch 4), una renovación en el Espíritu Santo, para que su fuego sea re-inflamado.

Es muy necesario buscar está renovación y conformar la vida conforme al plan de Dios, conforme a los criterios que cristo nos enseñó (los criterios auténticamente cristianos).

De aquí de que nuestra relación con Cristo debe incidir en los cambios que nuestra vida necesita. Dios nos señala el camino, pero la decisión es nuestra… Y me refiero a la manera de vestir, a la manera de hablar (las expresiones y palabras obscenas, vulgares, irrespetuosas o los chistes de doble sentido, las conversaciones eróticas). Nuestra vida ha de estar marcada por Cristo… Un antes y un después… De igual manera los criterios que usamos para elegir qué vamos a estudiar, donde vamos a trabajar, ¿buscamos la luz de Dios al examinar nuestras motivaciones?, ¿hacemos un discernimiento? De igual manera, este cambio debe ir a nuestras relaciones personales, nuestras amistades, las relaciones de noviazgo o los criterios para el matrimonio, hay que examinar los criterios de escogencia (los bienes materiales, el sexo, el dinero, el prestigio. Lo mismo lo podemos aplicar a la música que escuchamos, las películas y programas de televisión que vemos, etc… No olvidemos que “Hay que obedecer a Dios, antes que a los hombres” (Hch 5, 29).

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