Una mujer a los pies de Jesús

recursos_original_166“Yendo de camino, entró Jesús en un pueblo. Una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras; Marta ocupada en los quehaceres de la casa dijo a Jesús: -Maestro, ¿No te importa que mi hermana me deje sola en los quehaceres? Dile que me ayude. El Señor le respondió: -Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas, cuando una sola es necesaria. María escogió la mejor parte, y no le será quitada.” (Lucas 10,38-42).

Queridos hermanos imaginemos en este pasaje como Jesús, entrando en aquella casa, de pronto comenzó hablar sobre el Reino de Dios, el amor del Padre, amor infinito por los hombres; sobre la fe que nos hace sentir a Dios como Padre; de la verdad que nos hace libres; de la justicia y de la solidaridad; del servicio y de la fraternidad; de la misericordia y del perdón; de la humildad; de la vida, de la paz, de la alegría y de la esperanza. Mientras tanto María lo oía, pero, iba sintiendo en su corazón el deseo y anhelo de escuchar esas palabras que salían del Señor, tan sabias, por lo que, hace silencio se sienta a sus pies, y escucha.

Tiene su corazón detenido escuchando a Jesús, él dice cosas que ella nunca ha oído, cosas que nadie sabe, palabras que nadie dice, por lo que va sintiendo que cada mensaje hacía latir aún más fuerte su corazón, y era porque la estaban sanando, liberando, renovando, llenando de vida, de amor.

Cuando escucha a Jesús, María experimenta de Dios su bondad, su ternura, su protección, sus cuidados. Siente que el alma se le llena de paz, que su corazón salta de alegría, que la vida es bella a pesar de las tribulaciones o dificultades, que hay una esperanza de felicidad. Siente que sus palabras son mucho más que palabras, que lo que dice penetra su corazón, que el amor la invade, la llena. Que todo su ser quiere renovarse; que quiere ser distinta, mejor; que desea amar a todos, comprender a todos, ayudar a todos, servir a todos.

Cuando escucha a Jesús, María toma conciencia de que tiene que purificarse de muchas cosas, limpiar su corazón de la envidia, del orgullo, de la vanidad, del rencor, de la codicia, de la impureza, de la mentira; sabe que tiene que hacerse humilde, sencilla, pobre en el espíritu, misericordiosa, honesta; que tiene que aprender a perdonar de corazón, que tiene que aceptar a los demás como son, que tiene que hacerse tolerante, servicial.

Pero a pesar que ella experimentaba ese maravilloso encuentro con el amor que es Dios, por su parte Marta, prefirió quedarse en los trabajos superficiales de la vida, llenándose de amargura y afanes. Actualmente hoy sucede lo mismo que en la casa de Marta, cuantas veces Jesús nos ha visitado a través de otras personas, o desea visitar el corazón a través de su Palabra pero preferimos quedarnos con las actividades ordinarias de este mundo y nos olvidamos que existe un Dios que cada día quiere llenar nuestros vacíos, moldear nuestro ser y sanar nuestro corazón con su amor, cuantas veces estamos cerrados en nuestros proyectos personales, en nuestra vida mundana y nos olvidamos que en la puerta del corazón se encuentra ese Jesús llamándonos, esperando que le abramos las puertas para entrar y morar en él. Cuántas veces nos hemos sentido mal por situaciones difíciles que nos suceden en la vida, y en vez de refugiarnos en Dios y en su Palabra, buscamos refugiarnos en Palabras humanas, donde sólo son Palabras vacías, que alientan por un momento, pero si conociéramos al Rey del amor, esas palabras alentadoras las buscaríamos en el Señor, como Él mismo nos dice en Mateo 11,28 “Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviare”.

Por eso hoy el Señor te invita a Ti y a Mí a imitar a María, sentirnos necesitados de él, permanecer en Él como nos dice en Juan 15,4 “Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes”…, colocándonos a sus pies como signo de humildad, buscarle en todo momento a través de su Palabra, de la celebración Eucarística, para que como Divino alfarero nos moldee a su Santa voluntad; y así poder imitarle y alcanzar en él la perfección del cielo.

Hoy Jesús quiere visitar tu vida, quiere llenar tus vacíos, que te sientas amada (o), pero para que puedas experimentarlo debes con humildad y sinceridad postrar tu corazón y tu ser a Él, tu Salvador, Tú Dios. Y como dijo Santa Clara “él derramará sobre Ti bendiciones y será Tú defensor, tú consolador, tú redentor y tú recompensa en la eternidad”. Dios y María te bendigan!!!

Ginger García

Ministerio de Acogida, Evangelización y Seguimiento
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