Una de las mayores gracias que podemos recibir, es tener permanentemente la presencia de María – Enseñanza Retiro Mariano

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mariaauxiliadoraAl meditar Lucas 1, 36-37, podemos afirmar que María ha creído en el Espíritu Santo, Dueño de lo imposible. Aun cuando no comprende, no juzga, no duda, no espera evidencias…, sencillamente medita en su corazón (Lc 2, 51) y se pone en manos de Aquel que no conoce imposibles. María no sabe más que esto: orar para abandonarse en el silencio a la voluntad del Padre. De allí que podemos también llamarla “Madre de lo Imposible”.

Nos dice la Redemptoris Mater, n° 40 que María: “Con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna… De este modo la maternidad de María perdura incesantemente en la Iglesia como mediación intercesora, y la Iglesia expresa su fe en esta verdad invocando a María con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora”.

Ella es Madre, y como tal vuelca su amor maternal a los hermanos de su Hijo que en la fe peregrinan en este mucho atravesando distintas pruebas y dificultades. Su amor maternal se concreta en su presencia a nuestro lado y por el poder de su intercesión. Por nuestra parte, nuestro amor filial se expresa por una actitud vigilante en conservar su presencia, a través de nuestra oración y nuestra acción, pero sobre todo por una incansable intercesión. El amor es el lazo más profundo que tenemos con ella y que se concreta en la intercesión (…la manera más sencilla: El Rosario).

“Jamás se ha oído decir que uno solo de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio y reclamado tu socorro haya sido abandonado de ti” (Acordaos).

Donde María se hace presente allí actúa… Una de las mayores gracias que podemos recibir aquí en la tierra, es tener permanentemente la presencia de María. Esto transforma la existencia pues es el Espíritu Santo, el que actuando en nuestras vidas, hace posible esta experiencia.

“Ten cuidado una vez más en no atormentarte si no gozas pronto de la dulce presencia de María en tu interior. Esta gracia no se concede a todos; cuando Dios favorece a un alma por gran misericordia, le es muy fácil perderla si no es fiel en recogerse a menudo. Si te sucediese esta desgracia, vuelve suavemente y haz una retractación pública a tu soberana” (El Secreto de María, n°52; de San Luís María Grignion de Montfort).

La presencia de María envuelve toda la vida. Ciertamente el Consagrar toda la Vida a María es una gracia inspirada por el Espíritu Santo, y sólo se comprende por una intervención especial del Divino Espíritu. Uno de los deseos de la Virgen es llevarnos a una oración continua, incesante (Cfr. Lc 18,1). A una persona de oración se le reconoce –entre otras cosas-, porque no se fija un tiempo máximo de oración para dedicarse a otras cosas, sino que determina un máximo de tiempo a sus obligaciones o al servicio, para volverse enseguida a la oración…, y siempre que tiene tiempo libre se sumerge en la oración como un imán atraído por la fuerza de la oración que lleva en sí.

El Libro de los Hechos nos narra que los apóstoles “Eran asiduos a la oración, con María la Madre de Jesús” (Hch 1, 14). Luego empezaron a decir al Espíritu Santo lo único necesario: ¡Ven!… Lo decían con perseverancia, confianza y seguridad de ser escuchados porque María estaba con ellos…, intercedía por ellos.

La Virgen quiere por tanto que nosotros también entremos en su oración de Madre y Auxiliadora. La oración de súplica e intercesión nos lleva a las cumbres de la oración cristiana. No basta orar o repetir oraciones, o inclinarse, hay que suplicar. Hay que desaparecer en el silencio y el recogimiento…, hacerse como niños.

El Santo cura de Arsdecía: “El hombre es un pobre que tiene necesidad de pedirlo todo a Dios”. Lc 11,5-13; 18, 1-8; Jn 14, 13-17; Sant 5, 13-18; Mt 6, 5-15; Lc 17, 5-6; Mt 17, 19-20). En la súplica todo problema de comunicación entre Dios y nosotros se resuelve. Para el cura de Ars, la Santísima Virgen María era, como le llamaba, su refugio ordinario. Recurría a Aquella que sabía que nada era imposible para Dios, a Aquella que ante los problemas difíciles no se detiene simplemente a planificar sino que ora y se entrega. Ella recibió de una manera extraordinaria el don de una súplica confiada y llena de Fe. Nosotros también podemos recibir estos dones de una Fe y Confianza extraordinaria, pero para ello, debemos creer en ellos y pedirlos.

Muchas veces reflexionar sobre nuestros problemas se convierte en una huida a lo imaginario, mientras que la oración sincera es siempre una vuelta a lo real, es un transformar la desgracia en paz, alegría y amor.

Y todo esto nos lo da el Rosario, la oración de María… puesto que la presencia de María en el corazón del que reza el Rosario atrae la oración del Espíritu Santo.

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